LECTURA DE MESOPOTAMIA, HISTORIA MUNDIAL I, UNAM, SUA.

MESOPOTAMIA, PAÍS ENTRE RÍOS

EN LA CUENCA DEL TIGRIS Y DEL EUFRATES
. Un regalo de dos ríos gemelos
Herodoto llamaba a Egipto «un don del Nilo». De la misma manera, se podría llamar a Mesopotamia un don de los ríos geme¬los, Tigris y Eufrates. Los dos ríos nacen en las montañas de Armenia, y cuando en la primavera comienzan a fundirse las nieves, sus aguas se salen de madre, inundan la llanura y de¬positan su limo fertilizante. Para evitar que el terreno se trans¬forme en marismas pantanosas y poder llevar el agua a los campos, aquí como en Egipto, canalizan las aguas de ambos ríos y las llevan hada los campos. Sin un sistema de irrigación bien organizado, el país se hubiera transformado en un árido desierto o en un conjunto de terrenos pantanosos.
Para la organización de semejante sistema se necesitaba la intervención del rey. Se daba tanta importancia a los canales, que frecuentemente llevaban el nombre de los monarcas. Hamurabi mandó construir un canal al que puso esta leyenda: «Hamurabi es una bendición para el pueblo». Todavía hoy puede apreciarse la extensión que alcanzaba esta red de canales. No se puede viajar un solo día en este país de vieja cultura sin encontrar treinta o cuarenta lechos de antiguos canales.
«La más antigua de las civilizaciones cuyas huellas encontramos en Babilonia —dice Lconard W. King—, como las que le sucedieron, fue de carácter esencialmente agrícola. El país obtuvo de sus dos ríos gemelos todo cuanto necesitaba para su desarrollo, y al aumentarse gradualmente la natural fertilidad de su suelo aluvial por la aplicación de un sistema científico de riegos, fue convirtiéndose en una presa más tentadora para los pueblos vecinos establecidos en regiones menos favorecidas. En consecuencia, la historia de Babilonia es, en gran parte, un relato de sucesivas incursiones llevadas a cabo por nuevas razas sobre las llanuras del Eufrates y del Tigris. Pero en ninguna ocasión tuvo que sufrir cambio alguno subversivo a consecuencia de tales incursiones; siempre fueron los conquistadores absorbidos, paso a paso, y aunque de este modo la raza babilónica se enriquecía po¬sitivamente, el carácter general de su civilización permanecía inva¬riable en todos sus rasgos esenciales. Y no es preciso ir a buscar muy lejos la razón de la persistencia de este tipo de cultura: es que se adaptaba enteramente al carácter del país.
El territorio babilónico yace en la mitad inferior del valle del Eufrates y del Tigris, cubriendo lo que es en realidad el delta de estos dos ríos. En efecto, ha sido formado por el depósito que sus corrientes han acarreado hasta las aguas del golfo Pérsico, y su ri¬co suelo aluvial forma un marcado contraste con la mitad septentrional del valle, a la que los griegos dieron el nombre de Mesopotamia y Asiría. El límite natural del país, por el norte, se extiende, según una línea trazada desde Hit, en el Eufrates, a un punto situado debajo de Samara, en el Tigris; la ligeramente elevada y ondulante llanura del norte se convierte allí bruscamente en la inmensa planicie de aluvión. Al norte de esta línea el valle difiere apenas del desierto sirio-árabe» y sólo en las cercanías de aquellos ríos y de sus tributarios es posible el cultivo; a poca distancia de las orillas, la llanura está cubierta de vegetación después de las lluvias de invierno y primavera, y sirve sólo para el pastoreo que practican las tribus nómadas. Pero al sur de la línea divisoria, toda la región aluvial es apta para el cultivo, siendo su fertilidad maravillosa. Su clima subtropical y el ardiente calor de su verano, son nuevas causas de prosperidad dada su abundante pro¬visión de agua.»
Babilonia fue el más antiguo y opulento de los estados que nacieron en el país creado por los ríos gemelos. Es indudable que Babilonia, en sus principios, como Egipto, era un conjunto de pequeños estados que comprendían una ciudad y los terri¬torios que la circundaban.
En el siglo xx, el hallazgo de inscripciones en los monumentos y de ingente material en los archivos ha permitido sentar las bases de la historia de la antigua Mesopotamia.
En la época en que se empieza a tener noticias de esta historia, hacia el año 3000 A. J., el oaís era bastante más pequeño que en la actualidad. El golfo Pérsico penetraba profundamente tierra adentro, casi 150 km más que en nuestros días, y el Eufra¬tes y el Tigris desembocaban por separado en el mar. Si nos alejamos todavía más en el tiempo, hasta el año 4000 A.J., el país hasta Samaría estaba cubierto por el mar y las aguas cu¬brían los lugares en donde, más tarde, se levantaron las ciudades de Babilonia y Bagdad.
En la más remota Antigüedad, el país situado entre las de-sembocaduras de ambos ríos eran marismas cubiertas de selva virgen, de maleza y de inmensos bosques de cañas y bambúes. Esta vegetación exuberante atraía a los pueblos asentados en los desiertos del Oeste y en las montañas del Este. Había que roturar, cultivar e irrigar el terreno; los hombres no consegui¬rían, hogar ni pan hasta que dominaran el medio agrario gracias a una colaboración bien organizada.
El resto del país estaba habitado desde hacía bastante más tiempo, pero no sabemos por qué pueblo. Hacia el ario 3000 A.J. penetraron allí nuevas tribus. Una de tantas oleadas de pueblos semitas, quizá del desierto de Siria, a lo largo del valle del Eufrates, llegó allí e invadió el país que más tarde fue llamado Akkad. Los asirios, que eran sin duda originarios del Cáucaso, pero ya muy mezclados con los semitas, habitaban mas lejos, en la cabecera del Tigrís. Entre los nuevos invasores los más importantes fueron los sumerios, que se establecieron en las desembocaduras de los ríos. Su origen es todavía un enig¬ma, pero muchos detalles hacen creer que eran originarios de las montañas, quizá de Persia, y su cultura parece tener las mismas raíces que la del pueblo que, hacia la misma época, fundó una colonia que se desarrolló en el valle del Indo.
Hacia el año 3000 A.T., los sumcrios establecieron o adop¬taron en su nuevo país una civilización basada en el intercam¬bio comercial y entablaron relaciones con países tan lejanos como Siria y Asia Menor. Su técnica estaba basada en la piedra sílex sobre todo, el cobre y el ladrillo.
Los sumerios veían el origen de todas las cosas en dos prin-cipios (o fuerzas) opuestos: Apsu, principio masculino, origen del bien, y Tiamat, principio femenino, origen del mal. Apsu era el padre del mar y de los planetas, mientras que Tiamat era la madre del barro y de los monstruos. Los dos estaban repre¬sentados por el agua; en efecto, para los súmerios, el mar, los ríos y los canales formaban la primera condición para la vida.
De la unión de ambos principios nacían los dioses. Primero, el dios del cielo y la diosa de la tierra, que tuvieron tres hijos: Anu, el más grande de los dioses propiamente dichos, que rei¬naba en el cielo, Ea, que reinaba en el mar, y Enlil, que reinaba en la tierra. Ea creó al hombre del barro, pero como Enlil era el dios de la tierra, Sumer y toda la humanidad estaban colocados bajo su poder.
Las tres divinidades habían creado también el sol, la luna y las estrellas; los distintos dioses estaban asociados a los cuerpos celestes, idea que fue adoptada por civilizaciones poste¬riores. El planeta que recibió más tarde el nombre de Venus (o Afrodita), la diosa del Amor entre los romanos (o entre los griegos), estaba ya asociada entre los súmerios a su diosa del Amor, Istar. Fueron también los sumerios los primeros que introdujeron las divisiones cronológicas que utilizamos actual¬mente y dieron nombre a los días según los dioses.
Enlil, descontento de los hombres y con la aprobación de los demás dioses, decidía castigarlos por sus pecados enviándoles una terrible inundación. Pero Ea, dios del mar, era contrario a este castigo y advirtió a su amigo Utanapishtim, quien cons¬truyó un barco que pudo salvarles a él, a su familia y a sus animales. Luego, los demás dioses se arrepintieron de haber desencadenado el diluvio y se congratularon de que el género humano hubiera podido sobrevivir a la inundación.
Los sumerios tenían una idea muy sombría de lo que les esperaba después de la muerte. El hombre, en forma de espíritu, sobrevivía a su existencia en los infiernos, en donde reinaba el dios Nergaí asistido por un grupo de espíritus maléficos. En estos infiernos tenebrosos y fríos erraban los espíritus de los difuntos, vestidos de plumas y alimentándose con barro y polvo.
Nadie alcanzaba la dicha después de la muerte. Por eso los sumerios rendían culto a sus dioses sin otra esperanza que logra; bienes terrenales, como la riqueza y la salud. Su fe implicaba, sin embargo, algunas obligaciones morales: el que quería alcanzar el favor de los dioses para vivir felizmente en la Tierra no debía cometer pecados.
En todas partes existen, al lado de la religión oficial, otras
concepciones y mitos más populares. Los sumerios no fueron
una excepción a la regla, y tales mitos encontraron forma
poética en las leyendas surgidas en torno a los hechos de sus
héroes, semejantes a los dioses. El más conocido de ellos fue
Gilgamesh, que trató de robar, a los dioses los frutos del árbol de la Vida para ofrecerlos a los hombres y hacerlos así inmor¬tales. Desgraciadamente, fracasó en su tentativa.
Ya en vida, la mayor parte de los reyes eran considerados como dioses. Éste fue el caso de Gudea, que, en teoría, no era más que un gobernador a las órdenes del rey de los guti, pero de hecho era rey independiente en Lagash.
EL PRIMER CÓDIGO DE LA HISTORIA Hamurabi, el gran legislador
En el año 2350 A.J. se inició un período de decadencia, caracterizado por guerras civiles y por las expediciones de los pueblos del Norte, que perduró hasta alrededores de 1750 A j., cuando el rey Hamurabi de Babilonia, en el que algunos ven al Amrafel de la Biblia, consiguió restablecer la unidad del reino, haciendo de Babel (Babilonia) su capital. Durante más de un milenio, Babel sería la ciudad más importante del mundo enton¬ces conocido, como más tarde Roma y, en el siglo xix, París. Babel era el termómetro de las ciencias y las artes, de la moda, de las buenas y de las malas costumbres. La lengua babilónica llegó a ser la de los diplomáticos y gente distinguida de toda Asia Anterior y aun de Egipto, como más tarde lo serían el latín, el francés y el inglés.
Babel tuvo principalmente una gran importancia comercial, y llegó a ser la encrucijada de caravanas entre la India y los puertos del Mediterráneo situados en las costas del Asia interior. Allí se cambiaban los productos de Oriente y de Occi¬dente, actividad que suponía una fuente de oro para la urbe.
Uno de los mayores descubrimientos de la antigua cultura babilónica fue el de la estela de Hamurabi. En 1901 fue ha¬llada en la antigua ciudad persa de Susa un pesado bloque de diorita cubierto de inscripciones cuneiformes que había sido llevado allí en el siglo xvii A.J., como botín de guerra, proce¬dente de Babilonia. Este texto cuneiforme contenía el código más antiguo del mundo.
Harmurabi mandó colocar este monumento, en el que estaba escrita su gran recopilación de leyes, en el templo del dios Sol en Babel. El monarca recibía estas leyes de la propia divinidad solar y esta escena está representada en ío alto de la estela. Hamurabi se proponía, como él mismo afirma en la intro¬ducción de su código, «disciplinar a los libertinos y a los malos e impedir que el fuerte oprima al débil». No dejaba de ser un excelente propósito, dada su época.
Primitivismo jurídico
Hamurabi exhorta al juez a ser imparcial. El falso testimo¬nio era severamente castigado.
Cuando se acusaba a alguien de homicidio o de magia, el acusado debía dar pruebas de su inocencia sometiéndose a la ex-periencia del agua (en esta prueba el reo era arrojado al río) y, si no sobrevivía con la muerte se cumplía la sentencia.
Según las leyes de Hamurabi, los ladrones y sus encubrido¬res pagaban su fechoría con la vida en la mayor parte de los casos, a veces se les cortaban las manos y en otras se les hacía pagar una cantidad que no excedía de treinta veces el valor de los bienes robados. Aquel que acusaba falsamente a alguien de haber participado en un robo debía ser entregado a la muerte.
«Si alguno penetra con violencia en una casa, debe morir y su cuerpo ser enterrado en el lugar de la violencia.
»Si se declara fuego en una casa y uno de los que acuden a apagar el incendio mira con codicia lo que posee el propietario de la casa y coge alguna cosa, debe ser arrojado al fuego.»
Un soldado que incumpliera su deber y retrocediera ante el enemigo debía ser condenado a muerte, y el que le denunciara podía apropiarse de la casa del cobarde. En el Derecho sumerio, el matrimonio se consideraba todavía como «la compra de una mujer». Hamurabi dice del ladrón de mujeres: «Sí uno lleva a la hija de otro por la fuerza, contra la voluntad del padre y de la madre, y tiene tratos con la víctima, el ladrón debe ser condenado a muerte por orden de los dioses».
«La esposa que odia a su marido y le dice: “Tú no eres mi marido”, debe ser lanzada al río atada de pies y manos o ser arrojada desde lo alto de la torre del recinto.»
La poligamia era tolerada hasta cierto punto: cada hombre podía tener una segunda esposa cuando la primera no le daba hijos. De la misma manera, en el antiguo Israel, Lía y Raquel llevaron consigo otras dos mujeres para Jacob, como dote matri¬monial, Como muchos otros pueblos orientales, los, babilonios consideraban como una desgracia el morir sin dejar sucesión. Creían haber dejado su vida incompleta,
Se conservan dos interesantes contratos matrimoniales entre un hombre, que para facilidad de la exposición llamaremos Abraham, y una mujer (Sara) y su esclava (Agar). Dice el primero: «Sara y Agar han llegado a ser las dos mujeres de Abraham. Si Sara y Agar dicen a su marido “Tú no eres nuestro marido”, deberán ser arrojadas desde lo alto de la torre. Pero si Abraham dice a sus esposas “No son mis esposas”, éstas deberán ausen¬tarse de su casa. Agar deberá lavar los pies a Sara, llevar su silla a la casa del dios, peinar a su señora y velar en todo por su bienestar. No abrirá lo que está cerrado y, cada día, molerá la harina para el pan de Sara. Cuando Sara esté deprimida y con mal humor, Agar deberá estar también deprimida y con mal humor. Si Sara está alegre y de buen humor, Agar deberá estar también alegre y de buen humor». O sea que la segunda mujer deberá entretener a la señora de la casa, ayudarle en su adorno y secundarla en sus caprichos y en sus estados de ánimo.
El contrato de matrimonio de Agar comienza así: «Abraham ha tomado como esposa a Agar, hermana de Sara». Luego sigue la lista de todos los deberes con Sara. «Todos los hijos de Agar, tanto los habidos como por haber, son hijos de las dos hermanas. Si Sara dice a su hermana Agar “No eres mi hermana”, Agar deberá abandonar la casa. Pero si Agar dice a Sara “No .eres mi hermana”, Agar será vendida por dinero.»
Antes de Hamurabi, a ningún hombre le era difícil separarse de su mujer. «No eres mi mujer» le decía sencillamente en pú¬blico, y con una pequeña indemnización el divorcio se convertía en efectivo. Si, por el contrario, la mujer quería separarse de su marido y le decía «No eres mi marido», se la castigaba por insubordinación y se la arrojaba al río. La ley de Hamurabi significó una reforma fundamental en este terreno. Los dere¬chos del marido fueron limitados, mientras que la mujer recibía, en ciertos casos, el derecho legal del divorcio. En primer lugar, el marido no estaba autorizado a repudiar a su mujer por causa de esterilidad, y si bien es cierto que en este caso tenía el de¬recho de tomar una segunda mujer, debía seguir conservando a la primera.
Hamurabi concedió a la mujer el derecho de solicitar el divorcio cuando el marido abandonaba el domicilio conyugal sin verdadera razón, cuando era castigada o cuando la despreciaba groseramente.
He aquí el texto de la ley para este último
caso: «Si una mujer se muestra esquiva hacia su marido y le dice “No me toques”, deberá manifestar las razones por las
cuales niega a su marido los derechos conyugales. Si tiene razo¬nes fundadas, por ejemplo, si su marido vaga de acá para allá y la descuida gravemente, tendrá el derecho de pedir la dote y volver a casa de su padre. Por el contrario, si ella tiene alguna cosa que reprochar, si abandona la casa y descuida al marido sin razón, la tal mujer deberá ser arrojada en el río.
LA MORAL FAMILIAR Y SEXUAL
El poder de los padres sobre los hijos también fue limitado. Se lee en las antiguas leyes somerías: «Cuando un hijo dice a su padre “Tú no eres mi’padre’*, se le debe hacer con hierro candente la marca de los esclavos, encadenarle y venderle. Si dice a su madre “Tú no eres mí madre”, se le debe marcar con hierro al rojo vivo y echarle de casa y de la ciudad. Si un padre dice a su hijo ‘Tú no eres mí hijo”, el hijo debe abandonar la casa paterna. Si una madre dice a su hijo “Tú no eres mi hijo”, el hijo debe abandonar la casa y los bienes». Los padres tenían, pues, el derecho de renegar de sus hijos sin más trámite.
El código de Hamurabí decreta que se necesitan atestiguar razones sólidas para renegar del hijo y que el juez deberá rea¬lizar una investigación. Los hijos adoptivos, nacidos de mujeres sin derecho a te-nerlos, todavía tenían una suerte mucho más penosa en la legis¬lación de Hamurabí. «Cuando el hijo de una mujer pública o de
una sacerdotisa del templo dice a su padre adoptivo “Tú no eres mi padre”, o a su madre adoptiva “Tú no eres mi madre», se le debe cortar la lengua. Si un hijo de esta especie vuelve junto a su mala madre, se le debe arrancar un ojo.»La adopción tenía una gran trascendencia en la vida de los antiguos babilonios; era un medio de proporcionarse mano de obra barata y, después de la muerte, un pariente que velarla para que el alma recibiera las ofrendas prescritas en la forma deseada. El que seducía a la prometida de otro, según las leyes de Hamurabi debía perder la vida.;«Cuando la mujer de alguno haya sido sorprendida con otro hombre, los dos serán atados y arrojados al agua, si el marido no perdona a su mujer y si el rev no perdona a su compañero», es decir, al- cómplice del adulterio. «La mujer casada que asesinara a su marido por estar ena¬morada de otro hombre será empalada.» En los casos más graves de malas costumbres, los cómplices eran quemados en la hoguera o condenados al destierro. El legislador concede especial atención a las tabernas. A me¬nudo eran regentadas por mujeres y servían también de lupanares. A las prostitutas, que estaban bajo la vigilancia del Estado, se les permitía establecer una posada y frecuentar las tabernas. Pero si una prostituta del templo •—mujer que se entregaba al libertinaje sagrado, por decirlo así.— entraba en una taberna o abría un establecimiento de este género, pasaba a formar parte del libertinaje profano y corría el peligro de acabar en la hoguera.
La ley del Talión. En las penas consistentes en golpes, heridas y otros castigos físicos aparece el viejo principio de los antiguos israelitas: «¡Ojo por ojo y diente por diente!». Al que dañaba el ojo del prójimo se le infligía el mismo daño; al que rompía la pierna de otro se le rompía también la suya. Estas penas severas solamente se lleva¬ban a cabo cuando la víctima era un personaje. En los demás casos, el agresor era castigado con una simple multa. Hay que observar que el principio «ojo por ojo y diente por diente» era también aplicable a los médicos incompetentes culpables de una falta profesional. Incluso quien construía una casa estaba expuesto a los riesgos de la ley: «Cuando un constructor levanta una casa tan negligentemente que se derrum¬ba y mata al propietario, el constructor debe ser condenado a muerte. Si muriera el hijo del propietario, el hijo del constructor debe ser condenado a muerte también. Si muriera el esclavo del propietario, el constructor deberá dar a su cliente un es¬clavo para sustituir al esclavo perdido».
El derecho de Hamurabi se esfuerza por ser justo y por solucionar todos los casos .—dice Bosch Gimpera—, resolviéndolo todo sin térmi¬nos medios y sin entender de móviles ni intenciones que desvirtúen en un sentido o en otro los actos y sus consecuencias: o se tiene razón o se tiene culpa. Complemento del derecho es la organización de la administración de justicia, que se separa de los templos, no intervinien¬do los sacerdotes más que en la prestación de juramento, prueba que a falta de otros indicios es decisiva en muchos casos. Los jueces son el consejo de «ancianos de la ciudad», presididos por el rabianu, alcalde o gobernador nombrado por el rey. Para casos importantes hay un tribunal con Jueces vitalicios, de nombramiento real también, y aún un tribunal superior de apelación en Babilonia, al que puede acudir cualquiera de las partes que se considere lesionada por la sen¬tencia. Se regula la marcha del procedimiento judicial, el castigo de las demandas injustas, el falso testimonio y la prevaricación del juez, el procedimiento de prueba, que en defecto de documentos o testigos es el juramento, y aún la ordalia o prueba del agua.»

EL IRÁN, HOGAR INDOEUROPEO.
LOS PUEBLOS DE LA MESETA IRANIA
La cuna de los indoeuropeos
La separación nacional de medos y persas, pueblos iranios, de los asirios y babilonios señala la primera aparición de los in¬doeuropeos en el teatro de la Historia. Les tocaba el turno de recoger la herencia dejada por otros pueblos de raza indoeuro¬pea, por semitas y hamitas. Los hamitas egipcios habían ofrecido al mundo cuanto podían dar; a los semitas, en cambio, les sería preciso esperar más de un milenio para que un renacimiento religioso les permitiera influir de nuevo en la cultura humana.
Estos pueblos indoeuropeos no constituyen una unidad étnica; existe, eso sí, un parentesco entre los pueblos germánicos, cél¬tico, itálico y eslavo, pero hay grandes diferencias etnológicas entre éstos y los iranios. Los indoeuropeos no forman una raza homogénea, sino una unidad lingüística: se trata de pueblos que hablan una lengua indoeuropea.
Se ha buscado la cuna de estos pueblos, al menos, en veinte lugares distintos, desde Europa del Noroeste hasta la llanura del Asia central y en la India. Tras estos estudios, la mayor parte de los especialistas creen que, en su origen, los indoeuro¬peos llevaban una vida nómada en las extensas llanuras del Asia central, de donde han salido tantos pueblos. Después, estas poblaciones se multiplicarían de forma tal que, faltos de pastos suficientes para sus rebaños, ello sería la causa principal de las grandes migraciones subsiguientes. Quizá, también, los indoeuropeos fueron empujados hacia el Oeste por pueblos del Este, desde las regiones limítrofes de China. Por mucho que ahondemos en la historia de la humanidad, siempre vemos pro¬ducirse semejantes migraciones,
¿Por qué es tan difícil, imposible casi, determinar con exac¬titud el país de origen de los indoeuropeos? Sin datos históricos que puedan servirnos de punto de partida, sólo la lingüís¬tica nos proporciona algunas indicaciones con el estudio com¬parativo de las lenguas indoeuropeas.
Y es en este terreno, del más alto interés, donde investigadores perspicaces nos han descifrado la materia estable¬ciendo en forma innegable el parentesco que une a numerosas lenguas indoeuropeas; indias, persas, eslavas, griegas, itálicas, célticas y germánicas. Ejemplo de ello es la palabra padre, que oriunda del latín pater (que ha dado padre en español e italiano y pére en francés), en alemán se dice vater, en inglés father, en neerlandés vader; en griego se decía pater, y en persa antiguo y en el antiguo hindú, pitar. De la misma manera, la voz madre corresponde a mater (en español e italiano madre, en francés mere), mutter, mother, moeder, meter y matar (en ruso matj). Frcre, en francés corresponde a frater (en italiano frate o fra-tello); bruder, brother, broeder, phrater y bhratar (en ruso brat)1. Hemos de admitir, pues, que estas diferentes formas han salido todas de una misma palabra primitiva, empleada por todos los pueblos indoeuropeos antes de que cada uno abandonara el país común para emprender su larga peregrinación.
La ganadería, una determinante migratoria .
Durante la primera generación que siguió a la separación, las diferencias lingüísticas no fueron tan grandes: las diversas tribus podían aún entenderse. Pero cuanto más se separaron unos de otros, más divergieron sus dialectos, hasta llegar un tiempo en que la lengua de cada uno de estos pueblos llegó a ser incompren¬sible para los demás y recíprocamente. Después de varios mile¬nios, inteligentes filólogos han descubierto las semejanzas entre las lenguas de estos pueblos dispersos y se ha formado una idea del indoeuropeo primitivo por comparación y reconstruc¬ción. Y esta lengua primitiva es la que aporta algunos datos (por otra parte muy inseguros) sobre la vida del pueblo indo-europeo y quizá también sobre el país donde en su origen vivió este pueblo. El vocabulario del indoeuropeo primitivo nos de¬muestra que los hombres que hablaban esta lengua habitaban una región donde la nieve y el hielo, así como la lluvia, nada tenían de excepcional. Tenían un nombre para cada una de las cuatro estaciones. El país de origen debía, pues, encontrarse en la zona templada. Los nombres de animales y de plantas lo indican igualmente; en efecto, no se encuentra en ella ningún nombre de animal o planta de regiones tropicales o subtropicales. El país de los indoeuropeos era montañoso y, a juzgar por su vocabulario, no conocían el mar. Poseían una voz que significa¬ba mar o agua, pero ningún término relativo a la navegación.

¿Permite esto deducir que los indoeuropeos vivían muy tierra adentro? Procedamos con cautela. La lengua primitiva no tiene ninguna palabra para selva, floresta, bosque, lo que no significa forzosamente que la vegetación frondosa fuese desconocida en el país. Puede ser que los indoeuropeos no consideraran un grupo de árboles como un bosque, ya que existen palabras para traducir árbol y designar diferentes especies de árbol, en particu¬lar el abedul.
Respecto a los metales, los indoeuropeos no conocían más que el cobre, o el bronce, cuando abandonaron su país de origen. Así, comenzaron probablemente la emigración hace unos -4000 año?, época en que todavía formaban un pueblo nómada que llevaba sus rebaños en sus peregrinaciones. El indoeuropeo primitivo no conocía prácticamente ninguna expresión relativa a la agricultura.
El caballo era el animal doméstico más apreciado, y lo utili¬zaban para silla y tiro. Su lenguaje posee numerosas palabras para designar las diferentes partes de las carretas, corno la rueda, el cubo de la rueda, el eje de la rueda. Fueron los pueblos iranios quienes dieron a conocer el caballo a los más antiguos pueblos civilizados de Oriente, hacia el 2000 A.J., y la aporta¬ción más importante que los pueblos indoeuropeos ofrecieron a la civilización, en la época en que aún integraban tribus, fue su doma. Fue, también, el único progreso del que pudieron hacer partícipes a otros pueblos, pues en otros terrenos perma-necieron durante mucho tiempo en estado primitivo. Sus veloces y bien amaestrados caballos y su habilidad para el tiro al arco les dieron una gran ventaja militar sobre los demás pueblos. Asimismo, eran casi invencibles, pues al carecer de urbes y edi¬ficios, su nomadismo les permitía cargar tocio su ajuar sobre carros y desaparecer a los ojos del enemigo cuando la necesi¬dad lo requería.
Estudiemos ahora al más oriental de los pueblos indoeuropeos, los iranios, en su emigración hacia los territorios de vieja cultura, y después el grupo indio, que emigró hacia el Sudeste y tomó posesión de la India; los primeros, siguiendo el curso del sol, se dirigieron hacia Mesopotamia y eí Mediterráneo; los segundos, al valle del indo.

Los medos y los persas, dos poderosos pueblos indoeuropeos, se establecieron en las mesetas del Irán, al este de Asirla y de Babilonia. En un principio, los medos tenían sometidos a los persas y su imperio alcanzó la cumbre de su gloria poco después de la caída de Nínive. La decadencia del imperio asirio puso fin a las disenciones que, durante siglos, separaron a los dos pueblos vecinos. En otro tiempo, los asirios alcanzaron éxitos en sus guerras contra los soberanos medos, pero ahora los papeles se habían invertido.
Los comienzos de la historia de los medos y de los persas sólo los conocemos por mediación de los profetas judíos de este tiempo y algunos restos de inscripciones y crónicas asirio-babilónicas que en ciertos puntos se contradicen; en realidad, nada sabemos con certeza sobre los primeros tiempos de los pueblos iranios.
La situación se aclara cuando llegamos a la edad de oro del imperio persa. La enorme inscripción que Darío I mandó grabar en la roca de Behistún es de un valor histórico inestima¬ble. Los historiadores griegos de los siglos iv y iii a de C ). también nos cuentan mucho sobre el Imperio persa, aunque la exactitud de sus relatos sea a veces dudosa.
Y en lo concerniente al territorio del Imperio medopcrsa, los hallazgos arqueológicos no han hecho más que empezar. Se están encontrando tantas ruinas de antiguas ciudades, con sus templos y sus tesoros, que podrían dar ocupación a los arqueólo¬gos durante siglos. Sin embargo, no debemos esperar descubri¬mientos de fuentes escritas de importancia, porque los grandes reyes persas no tenían, como los soberanos de Egipto y Asiría, la afición de grabar en piedra el relato de sus hazañas.
Nuestro conocimiento de la Persia antigua se centra alrede-dor de la gran figura de Zaratustra o Zoroastro, el profeta de Persia.
En el siglo vn, o en el vi, A.J., Zaratustra se lanzó a predicar una reforma religiosa cuya doctrina sólo reconoce un solo dios, Ahura-Mazda, infinitamente grande y poderoso.
Una legión de servidores celestes rodean a Ahura-Mazda; son los genios del Bien en lucha contra las fuerzas del Mal.
Desde la creación del mundo, el hombre es la prenda de este combate y debe escoger entre el bien y el mal:
Ahora bien, en el origen había dos espíritus,
que proclamaron como sus principios gemelos y autónomos,
en pensamiento, palabra, acción; el uno, el bien,
el otro, el mal.
Y entre los dos, los inteligentes escogieron el bien,
los tontos, el mal.
Proscribe los sacrificios y las ofrendas materiales. Lo que importa es amar la verdad y fortalecer la justicia «con la inteli¬gencia, las palabras, la acción y la conciencia». En el último juicio, Ahura-Mazda tendrá más en cuenta el bien ejercido sobre la Tierra que los himnos cantados ante el altar.1
La doctrina religiosa de Zaratustra no fue enteramente adop¬tada por los persas. Los magos, que, a semejanza de los druidas entre los celtas, formaban la casta de los sacerdotes, mezclaron las ideas de Zaratustra con las concepciones tradicionales. Ahura-Mazda fue mantenido en la categoría de dios supremo, pero Miíhra, dios de la luz, recibió la dirección de los genios bienhechores, mientras que Arimán, el espíritu del mal, estuvo al frente de los demonios maléficos.
La literatura sagrada de los persas fue escrita tardíamente, en el siglo in de nuestra era. Hasta entonces se conservaba en la tradición oral El libro más antiguo es el Avesta, del que trans¬cribimos este relato del juicio del alma:
«Después que el hombre ha desaparecido, ha muerto, los demonios impíos y maléficos arrecian sus ataques. Cuando luce el alba de la tercera noche y se ilumina la aurora, Mitra, bien armado, llega a las montañas y el sol asciende. Entonces, el demonio lleva encadenada al alma pecadora de los desapareci¬dos mortales. Sigue el camino creado por el Tiempo, camino que existe para el malvado tanto como para el fiel, el puente Cinvat creado por Mazda. Allí la conciencia arroja a las almas de los malvados a las tinieblas. Pero lleva a las almas de los fieles y las sostiene por encima del puente Cinvat en el camino de Los dioses.»
Racionalismo religioso
A pesar de Zaratustra y de sus enseñanzas, seguían ocupando un lugar importante el culto y las prácticas rituales. Vestidos de blanco, los magos mantenían el fuego purificador en sus peque¬ños altares cúbicos y cantaban himnos. Y como el fuego y la tierra se consideraban elementos sagrados, los cadáveres no eran incinerados ni inhumados. Excepto los reyes, que se hacían esculpir tumbas en la roca, los persas difuntos eran abandonados en el desierto o colocados en las «torres del silencio», donde los buitres se encargaban de limpiar los huesos.
La religión de Zaratustra es de un nivel superior a las demás religiones paganas, sobre todo por el claro y directo razo¬namiento con que expone el problema del bien y del mal y el acento que infunde a sus exigencias de deber y de pureza. Con varios puntos comunes con la religión judía y el cristianismo. Algún que otro cambio de ideas es completamente normal si se tienen en cuenta los contactos directos que los judíos tuvieron con los persas durante el destierro en Babilonia, sin olvidar tampoco su admiración por Ciro, el rey persa que les libró del cautiverio. A partir de este momento, Judea llega a ser una provincia del Imperio persa hasta que se desmoronó ante los golpes de Alejandro Magno.
En el siglo vil D.J., la doctrina de Zaratustra fue práctica¬mente extirpada por el islamismo, que en diversos aspectros le es muy inferior. Ormuz desapareció ante Alá y el Avesta fue sustituido por el Corán. Pero todavía hoy existen centena¬res de miles de hombres fieles a la región de Zaratustra; un 10% de ellos viven dispersos en su país de origen. Muchos adeptos de Zaratustra prefirieron el destierro que abjurar de su fe y encontraron asilo en la India. Descendientes de ellos son los persas que viven, sobre todo, en Bombay y sus alrede¬dores, donde son respetados por su elevada moral, su espíritu trabajador y su amor al prójimo. Son conocidos por el nombre de «parsis», practican la monogamia más estricta y tienen el mismo horror a la mentira y al engaño que los discípulos de Zaratustra de hace más de un milenio.

FENICIA, PAÍS DE NAVEGANTES Y MERCADERES

El solar de los fenicios
Durante los muchos siglos en que el mundo de las civilizacio¬nes orientales fue apenas conocido, se concedió excesiva impor¬tancia a los fenicios, error de perspectiva que debemos achacar a los relatos de los escritores griegos y romanos, rendidos ad¬miradores de todo lo que procedía de las costas fenicias. Detentadores durante mucho tiempo del comercio marítimo entre Oriente y Occidente, griegos y romanos llegaron a considerar¬les como los depositarios de toda la civilización oriental. Sin embargo, la única aportación histórica de los fenicios consistió en hacer que los pueblos de Europa participaran de la cultura de los egipcios y babilonios; aunque si bien fueron excelentes íntermediarios, también fueron individuos mezquinos.
Un pueblo de marinos y traficantes.
Las regiones costeras habitadas por los fenicios nunca estu¬vieron agrupadas en un estado centralizado. Renán escribe que Fenicia jamás fue un país, una nacionalidad, sino más bien un conjunto de puertos en que cada uno ejercía la hegemonía sobre su porción de territorio costero. Estos estados en miniatura colocaban el comercio por encima de toda otra consideración y, así, su política fue dominada por los intereses económicos.
Por esta razón los fenicios no quisieron dejarse arrastrar o la guerra a ningún precio. Sagaces comerciantes, preferían ob¬servar de dónde soplaba el viento, poner a los pies de sus veci¬nos más poderosos, reconocer su superioridad y pagarles tributo. Estuvieron bajo la dominación de Egipto y después bajo el poder de los hititas; luego, tanto Egipto como Mesopotamia atravesa¬ron un período de decadencia. Con ello, los hebreos pudie¬ron establecerse en Palestina sin oposición y llegar a ser poco a poco una potencia importante, a la vez que los fenicios pudieron desenvolver su poderío comercial. Pero entonces llegaron los conquistadores asirios y tanto el poderío fenicio como el de los hebreos comenzó a declinar. Además, los fenicios tenían unos rivales temibles en los griegos, aunque pudieron evitar la suerte reservada a los judíos, demasiado tercos, prefiriendo someterse a los invasores asirios, con lo cual el rey de Nínive se limitó a imponer a un tributo. Después de estar sometido a los asirlos, el país conoció la dominación sucesiva de babilonios, persas, macedonios y, por último, de los romanos.
La naturaleza obligaba a los fenicios a estar divididos en u varios estados y el mar constituía, por tanto, el lazo de unión entre las comunidades. Los dos puertos más impor¬tantes eran Cidón y Tiro.
Tiro estaba situada sobre una isla rocosa, lo que le permitió resistir en diversas ocasiones a enemigos muy poderosos. Sólo Alejandro Magno pudo apoderarse de Tiro por la fuerza.

Las expediciones mercantiles de los fenicios
Desde los puertos fenicios partían flotas comerciales en busca de nuevos mercados en las costas del Mediterráneo.
Su primer objetivo fue Egipto, pero luego se dirigieron tam¬bién al norte, hacia las costas del Asia Menor, desde donde se aventuraron hasta Chipre, la isla del cobre, que se podía divisar vagamente desde las montañas costeras de Fenicio.
Una vez en Chipre, los fenicios encontraron el camino de las islas del mar Egeo. Navegaron de isla en isla, de cabo en cabo y, en los lugares favorables para su comercio» fundaron establecimientos. Así, poco a poco, llegaron a las costas de África del Norte., a Malta, Sicilia, Cerdeña y hasta el sur de España.
Aquí es donde sus esfuerzos fueron más generosamente re-compensados; junto a las columnas de Hércules (así llamaban los antiguos griegos al estrecho de Gibraltar), en el umbral del océano Atlántico, descubrieron, en el curso inferior del Guadal¬quivir, la plata, metal que en Oriente algunas veces preferían al oro. Ello fue lo que motivó la fundación de varias colonias en la parte meridional de la Península, la más importante de las cuales fue Gades o Gadir, la actual Cádiz.
Así, pues, todo el Mediterráneo se convirtió en amplio campo de experiencias para los comerciantes fenicios; en los numerosos establecimientos practicaban un comercio de trueque con los autóctonos. Pero los comerciantes no se juzgaban muy satisfe¬chos en sus negocios, y marinos animosos y emprendedores se lanzaron más allá de las costas de África y de Europa y alcan¬zaron las «islas del estaño», probablemente España del noroeste, o quizás también las islas Sorlingas, en la extremidad sudoeste de Inglaterra.
Estos largos viajes convirtieron a los fenicios en marinos. Una de las leyendas de la Antigüedad narran cómo un rey de Tesalia —co-marca del norte de Grecia— descubrió el cobre en la isla de Chipre, de donde procede su nombre: kypros, según los griegos.
Disfrutaban, con su sentido innato del comercio de una gran facilidad de adaptación y se sentían en todas partes como en su propio país. Los griegos y romanos consideraban esta facultad de adaptación de los fenicios con una mezcla de admiración y desprecio. Los poemas homéricos les rinden homenaje por su habilidad artística, pero los describen como consu¬mados estafadores. Los romanos hablan de la «fidelidad púnica» (es decir, fenicia) para designar irónicamente una traición que se sale de lo normal. Los fenicios se atraían también la anti¬patía por su descarado comercio de esclavos en gran escala. A veces, en vez de realizar una «transacción comercial», se proporcionaban estos esclavos de manera dudosa: se surtían de ellos mediante golpes de mano en las costas extranjeras, de donde arrancaban a la fuerza a sus habitantes. Los fenicios hi¬cieron del comercio de esclavos una empresa de gran empuje.
Cartago, en la costa septentrional de África, cerca de la actual Túnez, llegó a ser con el tiempo la más importante de las colonias comerciales fenicias.
Difícilmente se puede imaginar que las ciudades fenicias, poco numerosas y relativamente pequeñas, pudieran adquirir por sí solas el poder y la población necesaria para la colonización de toda la cuenca del Mediterráneo. Muchos orientalistas con¬sideran esta colonización, no como una conquista económica realizada por las ciudades fenicias, sino como una fase de la gran migración semita que se produjo en Mesopotamia y en Siria.
Las dos hipótesis tienen, quizá, su parte de verdad. Algunas colonias fenicias pueden ser resultado de esta gran migración se¬mita. Las de España, en particular Gadir, y las de la costa africana frente a la Península, fueron, según toda probabilidad, almacenes y establecimientos de Tiro o de Cartago.

E1 origen del alfabeto
Los hallazgos más recientes permiten suponer que, en última instancia, debemos el alfabeto a los egipcios y luego nos fue transmitido por los romanos y los griegos. Estos tomaron la mayor parte de las letras a los fenicios —quizá vía Chipre y Creta— probablemente después del año 1000 A.J. como parece demostrar el número de letras y que las dos primeras del alfabeto fenicio se llamaran a/e/ y bet, que los griegos denominaron alfa y beta.
El alfabeto fenicio dio nacimiento solamente a una escritura pura¬mente literal; las demás grafías, ya sea en Egipto, Babilonia, Asia Menor, Creta, China, Japón o México, son escrituras más o menos ideográficas que, en circunstancias favorables, han ad¬quirido un carácter silábico.
Pero ¿dónde han encontrado los «inventores» del alfabeto del Oeste semítico los modelos para sus letras? Se ha supuesto que los tomaron de los babilonios, pero es imposible por estas razones: la escritura cuneiforme se compone de vocales y con¬sonantes, mientras que el alfabeto fenicio carecía de vocales. Y además, los babilonios escribían de izquierda a derecha, con¬trariamente a los fenicios. Por último, la escritura cuneiforme no estaba destinada a ser escrita, sino a ser grabada, mientras que la escritura fenicia presupone, como la nuestra, el uso de la pluma, tinta, papiro o materia similar.
En cambio, la escritura fenicia presenta una similitud muy grande con la escritura cursiva egipcia.
Todas las tentativas para relacionar la escritura fenicia con los caracteres cuneiformes fracasaron. Los caracteres egipcios sirvieron de modelo a las letras fenicias. Usando la expresión bíblica se podría hablar de vino nuevo en odres viejos. Los pue¬blos que crearon el alfabeto del Oeste semítico eligieron las letras en el país más próximo a ellos y dibujaron, mejor dicho, escribieron estas letras según su gusto y uso particulares, no según el estilo de sus maestros egipcios.
La expresión de «alfabeto fenicio» está en cierto sentido justificada porque en definitiva fueron los fenicios quienes intro-dujeron la escritura literal en Europa. Otra cosa es afirmar que fueron los creadores del alfabeto, o mejor, de los signos conso-nánticos. Sí se admite el origen egipcio de estos signos, y la mayoría de los especialistas así lo creent es probable que el alfabeto fenicio naciera en alguna parte donde la escritura cuneiforme ejerciera menor influencia que en Siria. Probable¬
mente, una creación de tan enorme importancia tuvo lugar en un pueblo del Oeste semítico que no habitaba Siria, sino una región donde la influencia de los babilonios cedía a la de los egipcios; quizás fue obra de los hebreos durante su estancia en Gesén, país en el que experimentaron una profunda influencia egipcia. Llegados a este lugar antes de poseer una escritura
propia, allí habrían creado un alfabeto que llevarían más tarde a Palestina, de donde se propagaría por los demás pueblos sirios. La escritura literal podría también provenir Je los hicsos, otro pueblo semítico cuyos lazos con Egipto eran todavía más ínti¬mos, y que al ser expulsados de tierras egipcias hubieran po¬
dido llevar el alfabeto a Siria. .

ACTIVIDADES DE APRENDIZAJE
1. ELABORA UN ENSAYO COMPARATIVO DE LAS TRES CIVILIZACIONES QUE SE PRESENTAN EN LA LECTURA: M.ESOPOTAMIA, PERSIA Y F ENICIA.
EL TRABAJO DEBERÁ PRESENTAR LAS CARACTERÍSTICAS ECONÓMICAS (A QUÉ SE DEDICABAN, QUÉ PRODUCÍAN, QUÉ COMERCIABAN), POLÍTICAS (FORMAS DE GOBIERNO) SOCIALES (DIVISIÓN DE LA SOCIEDAD EN “SEGMENTOS” SOCIALES, DIFERENCIADOS POR ACTIVIDADES Y FUNCIONES) Y RELIGIOSAS (QUE VÍNCULOS TENÍA LA RELIGIÓN CON LOS DIFERENTES ÁMBITOS DE LA VIDA DE LOS HABITANTES DE CADA CIVILIZACIÓN).
2. PRESENTARÁ UNS SÍNTESIS DE LAS IDEAS RELIGIOSAS MÁS IMPORTANTES Y EXPLICARÁ POR QUÉ SON RELEVANTES PARA LA HISTORIA DEL PENSAMIENTO POLÍTICO SOCIAL. CONSIDERA PARTICULARMENTE LAS IDEAS DE LA VIDA TERRENA Y ULTRATERRENA QUE TENÍAN LOS SUMERIOS, (INTERPRETA LA LEYENDA DE GILGAMESH).
3. EXPLICA EN QUÉ CONSISTE Y EL IMPACTO DEL CÓDIGO DE HAMURABI, LA LEY DEL TALIÓN, LA CREENCIA DUALISTA DE ZOROASTRO Y LA ESTRUCTURA RELIGIOSA DE LOS PERSAS.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s